Rompiendo el cascarón

La superficie de la Tierra es la orilla del océano cósmico.  Desde ella hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos. Recientemente nos hemos adentrado un poco en el mar, vadeando lo suficiente para mojamos los dedos de los pies, o como máximo para que el agua nos llegara al tobillo. El agua parece que nos invita a continuar.  El océano nos llama.
Carl Sagan

Ya Buckminster Fuller nos puso en sitio al comparar el margen de error para la supervivencia y el crecimiento de la especie humana con el de un pollito dentro de su huevo. Al día de hoy somos unos siete mil millones y contamos con una historia de por lo menos 180 mil años durante los cuales los recursos inmediatamente consumibles nos han bastado para sobrevivir pese a nuestra ignorancia In utero. Claro, hemos modificado (y complementado) nuestro entorno y hasta nuestro cuerpo hasta contar con extensiones de nuestros sentidos; hemos desarrollado un sistema de conocimiento y transformado materias primas para construir dispositivos que cambian nuestras relaciones con las personas, la naturaleza y el tiempo; hemos llegado incluso a habitar en casi todos los ambientes terrestres. En retrospectiva no nos ha ido nada mal, dos curvas parecen subir indefinidamente: la del avance científico y la de la población mundial. Claro está, no conocemos otra especie en desarrollo con la cual compararnos y formarnos una opinión menos subjetiva. Siguiendo una lógica simple si esas dos curvas se convierten en asíntotas verticales no queda otro escenario posible para el pollito (humanidad) que el de salir del cascarón y lanzarse a la experiencia de vivir.

La reciente (y en curso) explosión demográfica unida a las comodidades de la modernidad nos ha apartado de un aspecto natural en nosotros: el nomadismo, sin embargo nuestra mente anhela explorar lo desconocido. El cosmos nos aguarda y hay buenas noticias: somos curiosos y eso está agrietando el cascarón. El Hubble nos ha permitido ampliar nuestro campo de visión para darnos cuenta de lo vasto del universo con lo cual es fácil suponer que hay otros mundos ¡de hecho ya sabemos que existen planetas en otros sistemas con características similares a la tierra! Es impresionante.
Otras mentes (Arquitectos, científicos, artistas, ingenieros, y filósofos) ya especulan sobre la terraformación de nuestra Luna y Marte, y de cómo las ciencias podrían aportar para lo que fueran hábitats extraterrestres. Es fascinante además ver que el tema se ponga de moda aunque no es nada nuevo, recientes películas súper taquilleras (Interstellar (2014), The Martian (2015)) han jugado con la temática del habitar extraterrestre (desde una ciencia ficción dura y alineada a las lógicas y avances científicos reales) y lo maravilloso del cine es que nos pone ante ideas arriesgadas de una manera tan genial que se nos empiezan a hacer familiares. No nos es raro imaginarnos la vida humana fuera de la tierra.

La imagen es un fotograma del corto Terraforming de Studio Swine.
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