La búsqueda del mecanismo de viaje

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Antes las distancias eran mayores porque el espacio se mide por el tiempo
— Jorge Luis Borges

En cada periodo, Höthh la criatura se fascina con su existencia y pone su empeño en exprimirla. Se sabe dueña de una vida, ajena de un lugar, pequeña en el universo y corta en la historia por lo que emprende la búsqueda del mecanismo que la ayude a manchar de experiencia todo el círculo de su realidad. Lo más cerca que se pueda a los bordes.

¿Cómo abarcar el horizonte sideral de un vistazo? se pregunta Höthh. ¿Cómo incorporarse al universo en una acción? El concepto de movimiento aparece ante estos cuestionamientos de Höthh la criatura, que coleccionando pensamientos diseña el viaje como estrategia de magnificación de la existencia. Ahora sabe que del punto A al punto B se ocupa siempre un lugar por cada instante pero que en el recorrido se pinta algo nuevo que la hace menos pequeña ante al universo.

Curiosa, Höthh se pone a la caza del elemento que le sirva de plataforma móvil. No tan lento como para desperdiciar, no tan rápido como para no asombrarse. La búsqueda astral requiere tiempo y dedicación, el espacio es vasto y antiguo. Höthh diseña la contemplación como estrategia de extensión de su conciencia. Ahora visualiza la entidad errante, el objeto más hermoso jamás imaginado, orbitando perpetuamente alrededor de una fuerza de luz cálida que está inscrita en una ruta incesante a su vez montada en unos rieles de colchón en espiral vibrante que se desplaza suavemente por el cosmos.

La criatura Höthh se instala en La Tierra.

*Crédito de imagen: Carátula de Oathbreaker por Hoth.
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Asnos estúpidos, cuento de Isaac Asimov

Dr. Isaac Asimov, 1965

Dr. Isaac Asimov, 1965

Naron, de la longeva raza rigeliana, era el cuarto de su estirpe que llevaba los anales galácticos. Tenía en su poder el gran libro que contenía la lista de las numerosas razas de todas las galaxias que habían adquirido el don de la inteligencia, y el libro, mucho menor, en el que figuraban las que habían llegado a la madurez y poseían méritos para formar parte de la Federación Galáctica. En el primer libro habían tachado algunos nombres anotados con anterioridad: los de las razas que, por el motivo que fuere, habían fracasado. La mala fortuna, las deficiencias bioquímicas o biofísicas, la falta de adaptación social se cobraban su tributo. Sin embargo, en el libro pequeño nunca se había tenido que tachar ninguno de los nombres anotados.

En aquel momento, Naron, enormemente corpulento e increíblemente anciano, levantó la vista al notar que se acercaba un mensajero.

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